
Pensando en Cotroneo y Dahnier
Como un empujón al patio
para tomar sol,
como un golpe para terminar
con un llanto histérico,
como un beso
que te es robado,
como la fiesta que no quieres
y aun así
alegra el cuerpo
hasta el último poro.
Así, la partera
puso su mano
en mi cabeza
para desenredarme
de la vagina de mi madre
dejando el toque bendito
de su dedo pulgar
en mi frente
para siempre.
2 comentarios:
mmm habla el bebé...el ver la luz debe ser muy traumático, sin embargo el poema no es eso...es una gota de curiosidad y de sentido..el sentir de alguien que llega a la vida. es un poema sutil y ingenuo..lleno de esperanza...
sí me gusto
Epifánico, la marca del parto se consagra en la muerte. No se borra, sino que se transparenta en lo gozoso de la consumación.
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